Hoy se celebra el Día Mundial del Cáncer de Cérvix o de Cuello Uterino

Dentro de la conmemoración del Día Mundia del cáncer de Cérvix o Cuello Uterino que se celebra cada 26 de Marzo, el médico adjunto de Oncología del Hospital Clínico Universitario de Valencia, J. Alejandro Perez-Fidalgo nos ha hecho la siguiente reflexión a través de Amunt contra el Cáncer:

Aunque el cáncer de cérvix (también llamado de cuello uterino) no es muy frecuente en países desarrollados, es un problema sanitario de primer orden en países en vías de desarrollo. Esta distribución geográfica tan desigual tiene que ver con que su origen, en la gran mayoría de las ocasiones, está ligado a una infección por un virus transmitido por vía sexual llamado Virus del Papiloma Humano o VPH.

El VPH es endémico en regiones como Latinoamérica, África o zonas de Asia. Se considera que el VPH es una de las infecciones más extendidas por el mundo. Este virus afecta a la mucosa del cuello del útero durante largo tiempo. Es por eso que el diagnóstico precoz de esta enfermedad es crucial. Las revisiones ginecológicas frecuentes permiten identificar tanto la infección como la evidencia de lesiones pre-malignas que aparecen antes de desarrollar el cáncer. Esto se realiza con una sencilla técnica llamada test de Papanicolaou. Es muy importante que las mujeres sanas acudan a su ginecólogo para realizar estos test de screening o diagnóstico precoz.

Pero afortunadamente desde el año 2008, nuestro país ha iniciado un nuevo paso en la lucha y prevención contra este cáncer. Se trata de la vacunación. La vacunación contra el VPH se ha incorporado al calendario vacunal en niñas de 12 años y desde hace dos años se ha comenzado a recomendar por parte de diferentes organismos, la vacunación a los varones, que en caso de infección se convierten en portadores del mismo. Este paso ha supuesto un hito en el control de esta enfermedad y sus consecuencias en la tasa de diagnósticos se verán previsiblemente en los próximos años.

Pero más allá de la prevención, ¿cómo se maneja esta enfermedad? Una vez desarrollado el cáncer de cuello uterino, su principal problema es la localización anatómica. El cérvix se encuentra en la zona perineal y en vecindad con múltiples estructuras vasculares y anatómicas como el recto o la vejiga. Esta localización dificulta mucho su intervención. Esto motivaba cuando hace décadas se intervenían de entrada, que en muchas ocasiones la cirugía no fuera completa o los bordes de resección estuvieran frecuentemente afectos y además la morbilidad postquirúrgica (o efectos secundarios de la cirugía) era muy importante.

En la década de los 2000, los organismos internacionales emitieron una alerta aconsejando que en casos de cáncer de cérvix localmente avanzado se recomendase en lugar de la intervención quirúrgica una estrategia conjunta de tratamiento llamada quimio-radioterapia. Este tipo de alertas son muy infrecuentes y solo se realizaban en casos de claro beneficio. La quimio-radioterapia consiste en administrar unas radiaciones sobre el tumor con el objeto de eliminarlo. Al mismo tiempo, una vez a la semana se administra una dosis de quimioterapia basada en platino. Este fármaco tiene el efecto de incrementar la eficacia de la radioterapia. Este tratamiento combinado consigue ser tan eficaz como una operación y con menos morbilidad. Así pues, en la actualidad reservamos la cirugía solo para casos muy iniciales, tratando con quimio-radioterapia al resto.

Cuando el tumor avanza y se sale del útero el tratamiento fundamental es la quimioterapia junto con un fármaco llamado bevacizumab. Para que el tumor pueda sobrevivir, produce una serie de proteínas que estimulan el crecimiento de vasos sanguíneos a su alrededor que le aportan los nutrientes necesarios. Es decir, el tumor se aprovecha de nuestra red vascular y la obliga a crear una red auxiliar para nutrirse. El Bevacizumab es un fármaco antiangiogénico que evita la formación de esos vasos sanguíneos que alimentan al tumor. De esta forma la quimioterapia produce muerte del tumor mientras el antiangiogénico evita que le llegue soporte y nutrientes dificultando la formación de nuevos vasos sanguíneos.

Pero me gustaría finalizar comentando cuales son los tratamientos que posiblemente se utilizarán en los próximos años. Una de las esperanzas futuras en el manejo de esta enfermedad es la inmunoterapia. Este tratamiento ya ensayado con éxito en otros tumores como el cáncer de pulmón también está en fase de investigación en el cáncer de cérvix. Todos tenemos un sistema inmunológico que nos defiende de infecciones y otras enfermedades. También del cáncer. Este sistema es extraordinariamente eficaz. ¿Entonces, por qué existe el cáncer? El cáncer existe porque esta enfermedad ha desarrollado un sistema para evadir la acción del sistema inmune. En otras palabras, de igual forma que un ladrón puede sobornar a un policía para que haga la vista gorda, el cáncer anula la respuesta inmune y así puede crecer una vez que nuestras defensas le dejan tranquilo. Esto lo hace mediante un mecanismo llamado eje PD1-PDL1. El tumor expresa en su superficie una proteína (PDL1), llamémosla llave, que encaja en el receptor del linfocito PD1, llamémosle cerradura. Si la llave del tumor entra en la cerradura del linfocito, no hay respuesta inmune. La inmunoterapia consiste en una familia de fármacos, algunos de los cuales lo que hacen es adherirse a la “llave” con lo que cambian su forma y así no encaja en la “cerradura”. Por lo tanto, el sistema inmune se activa y ataca con virulencia al tumor. Este tipo de tratamiento podría ser especialmente eficaz en aquellos tumores que como el cáncer de cérvix tiene origen en una infección viral, pues nada estimula más a un linfocito de nuestro sistema inmune que una proteína viral. No obstante, esta estrategia se haya aun en fase experimental pero sus resultados preliminares son prometedores. 

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