Opinión Javier Álvarez: «Dénia, ¿ciudad de las tortugas?»

He sido una persona afortunada. He tenido la oportunidad de estar presente en el nacimiento de tortugas marinas en las playas de Dénia. Primero, en un nacimiento espontáneo en la playa de la Marina, cerca de mi domicilio. Y posteriormente, en una de esas noches difíciles de olvidar, viendo cómo los nidos de las tortugas Mona y Diana salían de la arena en la misma noche y emprendían su camino hacia el Mediterráneo.

Cerca de 150 tortugas nacieron aquella noche en Dénia. Dos nidos eclosionaron prácticamente al mismo tiempo, en un acontecimiento excepcional en nuestro litoral. Son momentos que emocionan y que nos recuerdan el enorme privilegio que tenemos de vivir en una ciudad donde la naturaleza sigue ofreciéndonos espectáculos extraordinarios.

Dénia ha empezado a ser conocida como la “ciudad de las tortugas”. Un nombre que no nació de una campaña turística, sino del trabajo de muchas personas y entidades que durante años han acompañado la llegada de estos animales a nuestras playas. De hecho, la colaboración entre el Ayuntamiento y Xaloc en años pasados cristalizó en esta idea de Dénia como «ciudad de las tortugas».

Y aquí aparece una primera paradoja difícil de entender: este año Xaloc, una de las entidades con mayor experiencia en la conservación y seguimiento de tortugas marinas en la Comunitat Valenciana, ha dejado de participar en la gestión de los nidos de Dénia.

No cuestiono que las administraciones tengan la responsabilidad de organizar y coordinar estos dispositivos. Al contrario. Pero cuando hablamos de conservación de especies protegidas, toda experiencia y todo conocimiento especializado deberían sumar.

También deberíamos reflexionar sobre cómo estamos gestionando las sueltas y los nacimientos. La divulgación es fundamental. Que los vecinos conozcan la importancia de las tortugas marinas y que estos acontecimientos ayuden a generar conciencia ambiental es algo positivo. Pero nunca debemos olvidar que estamos ante animales salvajes y ante procesos naturales especialmente sensibles.

El nacimiento de una tortuga no debería convertirse simplemente en un espectáculo. Debemos encontrar el equilibrio entre divulgar y proteger, entre acercar la naturaleza a la ciudadanía y respetar los tiempos y las necesidades de los animales. El éxito de una suelta no debería medirse por cuántas personas han acudido a verla, sino por haber conseguido que las tortugas lleguen al mar con las mayores garantías posibles.

Y si realmente queremos que Dénia sea conocida como la ciudad de las tortugas, hay otra cuestión que deberíamos plantearnos: ¿está todo el Ayuntamiento implicado?

La conservación puede ser responsabilidad de una concejalía, pero convertir un valor ambiental en un activo de ciudad requiere mucho más. Requiere implicación de Turismo, Comunicación, Medio Ambiente, Playas y del conjunto de la institución. Si queremos que las tortugas formen parte de la identidad de Dénia y también de su imagen turística, debemos ser capaces de construir un proyecto común alrededor de ellas.

Porque Dénia tiene una oportunidad extraordinaria.

Nuestro patrimonio natural está creciendo en valor y reconocimiento. Las tortugas marinas son un ejemplo perfecto de cómo la biodiversidad puede convertirse también en conocimiento, educación, orgullo ciudadano y un atractivo turístico diferente, basado precisamente en aquello que hace única a nuestra ciudad.

Pero para conseguirlo necesitamos hacerlo bien.

Sin egos. Sin protagonismos. Sin convertir la conservación en una cuestión de quién aparece en la fotografía.

Las tortugas no entienden de concejalías, de instituciones ni de protagonismos. Tampoco entienden de quién organiza un acto o quién aparece en una nota de prensa. Lo que necesitan es que trabajemos juntos y que pongamos por delante su conservación.

Dénia puede ser la ciudad de las tortugas. Pero para serlo de verdad tendremos que demostrar que sabemos cuidar aquello que la naturaleza ha decidido regalarnos.

Y quizá ese sea el verdadero reto: que dentro de unos años no seamos conocidos como la ciudad que organizaba las mejores sueltas de tortugas, sino como la ciudad que mejor supo protegerlas.

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