Opinión Javier Scotto: «Orgullosos de ser diferente»

ORGULLOSO DE SER DIFERENTE

Cada año, el 28 de junio se celebra a nivel mundial el día del orgullo LGTBI+, y como cada año, se genera el mismo debate y controversia sobre la necesidad de una fiesta del orgullo.

Desde la madurez, me veo en la necesidad de realizar una retrospectiva sobre mi propia vida, en la que recuerdo una infancia traumática de sentimientos encontrados hacía las personas de mi mismo sexo, la falsa personalidad adolescente a la que la discriminación me empujó, y a una edad adulta con la insana obligación de esconder la pluma ante los estereotipos masculinos, y demostrar que mi orientación no es un “hándicap” para la profesión.

Sin referentes de cualquier tipo: sociales, educativos, literarios, e incluso deportivos aún hoy en día, durante esta mi empobrecida y marginal existencia que arrastro de los años 80 y 90, siempre ha latido la culpa, la patología, la marginalidad, la humillación y el pensamiento de haber fallado a mí a mi familia y a mí mismo. Ningún atisbo de orgullo, cuando ni tan siquiera era capaz de aferrarme a mi propia dignidad.

Frente a cualquier debate sobre el 28J, después de haber vivido y sufrido la marginación, el insulto, la violencia y el desprecio, hemos de reafirmar la fiesta del orgullo, como fiesta, pero también como manifestación, como orgullo reivindicativo y crítico, donde las personas LGTBI+ mostramos nuestra identidad, orientación y género, sin miedo, sin tapujos, sin condiciones ni imposiciones. Una marcha contra el olvido, el silencio, los armarios, las cunetas y los márgenes sociales, un recorrido enarbolando la bandera arcoíris, la creatividad, la música y hasta la extravagancia, con pancartas y lemas para abrazar la diversidad. No tengáis miedo a la manifestación de lo diferente.

Mientras vosotros no tenéis que tener miedo a la diferente, nosotros tenemos que recuperar la memoria y el activismo, porque hemos luchado mucho, y nos ha costado mucho, incluso la vida. Cada conquista ha sido a costa del sacrificio de quienes nos precedieron, y que ahora a través del discurso del odio, amenazan con arrebatarnos.

Y es que la despatologización de gays, lesbianas y personas transexuales, la prohibición de las terapias de conversión, o los protocolos de no asignación del sexo en el nacimiento de las personas intersexuales, nos libra de los centros psiquiátricos, pero no nos protege frente a las agresiones producidas este último año y que continúan incrementándose.

Que nos podamos casar con quien amemos, formar familias diversas, ver series homosexuales en las plataformas digitales, confirman un avance social, pero no nos libera de la lucha diaria para ser tratados en igualdad, y tener la libertad de expresar nuestra afectividad-sexual en cualquier espacio público sin represalias.

El que seamos fieles a nuestra identidad, género u orientación, el que amemos a quien queramos, el que vivamos tal y como somos, puede parecer obvio, pero no lo es. No fue siempre así, y aunque esté garantizado por Ley, la historia y el populismo de la extrema derecha española y europea pretenden encargarse de que no lo sea. Hoy son las feministas, los migrantes y el colectivo LGTBI+, mañana puedes ser tú.

Estamos orgullos, por ser lo que somos y quiénes somos, por asumir nuestra diversidad, y no es fácil crecer y vivir en una sociedad que estrangula a las minorías, y ataca lo diferente y contrario a la heteronormatividad: la pluma, las nuevas masculinidades, las mujeres, las mujeres trans, los hombres trans, y las personas no binarias, todo lo que se sale de la norma, es per sé peligroso para la ideología del odio.

Por eso el orgullo es atreverse a ser uno mismo, ahí radica lo revolucionario, y marchamos, nos manifestamos y desfilamos porque no nos entendisteis, porque nos habéis hecho daño, porque no tenemos que pedir permiso, ni que nos toleréis, porque no hemos decepcionado a nadie, porque no estamos dispuestos a que nos condicionéis, o nos tengamos que conformar con la marginalidad y la exclusión social. Vamos a seguir dando la cara y a plantar batalla en cada derecho que nos queda por conquistar, porque todavía nos matan, nos agreden, nos castigan y nos condenan en muchos países. Lo hacemos por los que ni tan siquiera hoy se pueden manifestar.

En estos tiempos del radicalismo de la derecha más rancia, que traspasa las líneas de la democracia exigiendo la pérdida de derechos y libertades de la comunidad LGTBI+, e incluso frente a la silenciosa y no menos peligrosa política de lavado de imagen con calculada pasividad y eliminación de políticas con perspectiva de diversidad, lo mejor es celebrar sin complejos la igualdad que defendemos cada día, para que nada ni nadie consiga hacernos retroceder.

Las cárceles sociales, las prisiones ideológicas, los armarios de la vergüenza, y los muros de la segregación han caído, y no deben volver a ponerse en pie. Estoy orgullo de ser diferente.

Javier Scotto di Tella Manresa

Secretario de Diversidad LGTBI+ de la Comisión Ejeutiva Provincial del PSPV-PSOE

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