Opinión PP Dénia: Once años perdidos y ahora teatro

Lo de ayer en Dénia no fue un acto institucional. Fue un intento descarado de apropiarse de un proyecto que llega tarde y que, además, no es suyo. Un montaje político para tapar once años de inacción con una foto y un discurso.

Porque conviene poner las cosas en su sitio: el nuevo Raquel Payà empieza ahora porque la Generalitat Valenciana ha puesto el dinero y ha tomado la decisión de ejecutar el proyecto. Punto. Todo lo demás es relato interesado. Y en ese relato hubo un detalle especialmente grave: no invitar al President de la Generalitat Valenciana a un acto de una infraestructura que financia su propio gobierno. No es un despiste, es una falta de respeto institucional en toda regla. Y, además, profundamente incoherente en quienes se pasan el día dando lecciones cuando esto ocurre en otros ámbitos.

Pero si algo retrata lo ocurrido ayer fue el tono. Sobreactuación, victimismo y un intento evidente de emocionar para tapar la falta de resultados. La escena de la señora Ripoll no fue emocionante, fue innecesaria. Cuando no hay gestión, se recurre al teatro. Y mientras tanto, el alcalde hablando como si pasara por allí. Como si no llevara 11 años gobernando esta ciudad. Once años mirando hacia otro lado mientras las necesidades educativas de Dénia se acumulaban. Curiosamente, durante los años en los que gobernaba Ximo Puig en la Generalitat, no hubo ni una sola reivindicación firme. Ni presión, ni exigencia. Nada. Mucha propaganda, muchas fotos, pero cero resultados.

La realidad es incómoda, pero es la que es: la izquierda en Dénia ha estado más preocupada por el relato que por resolver problemas. Mucha pancarta, mucha pose y muy poca gestión. Frente a eso, hay quien sí ha trabajado. Y hay que decirlo alto y claro. La Directora General de Innovación e Inclusión Educativa, Charo Escrig, ha sido quien ha empujado de verdad este proyecto, quien ha buscado la financiación y quien lo ha desbloqueado, en coordinación constante con Pepa Font desde Dénia. Eso es gestionar.

Lo de ayer no cambia nada. No borra once años perdidos. No convierte la nada en algo. Y, desde luego, no engaña a una ciudadanía que lleva demasiado tiempo esperando que Dénia mejore.

Menos lágrimas impostadas, menos teatro y menos fotos. Más trabajo. Porque Dénia ya no está para más cuentos

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